Hace un par de semanas estuve haciendo fotos del río Ter, justo cuando está a punto de abandonar la ciudad de Manlleu, en un lugar que la gente de aquí llama ‘la Devesa’. En este punto, el curso del río ya ha pasado por los antiguos lavaderos, hoy conservados como parte de un museo etnográfico al exterior, y ha recuperado el agua que ha cedido al canal para un uso industrial. Es aquí donde el río se ensancha y forma una curva en herradura cambiando completamente de dirección. El último obstáculo que salva la corriente es una inclusa que retiene el agua para abastecer la turbina de Can Llanas, fábrica textil que continua en activo.
El pasado industrial de ‘la Devesa’ nos lleva hasta el Japón
Antes de llegar a esta última empresa, en la misma orilla izquierda del río, se encuentra la sede el Museo Industrial del Ter. Son dos ejemplos de transformación y adaptación a los nuevos tiempos de infraestructuras industriales relacionadas con el río. Es admirable como Can Llanas, en los momentos de la gran crisis del sector textil de finales del siglo pasado, supo abandonar su producción de hilos de algodón y fibras sintéticas para trabajar papel y seguir existiendo. El material que producen está destinado a la fabricación de unas bolsas comerciales muy conocidas por todos que llevan en sus asas unos cordones también de papel. Hoy en día estas bolsas se han implementado en comercios dedicados a la ropa, la bisutería, la perfumería y otros complementos de calidad. Con este material también entraron en la fabricación de velas para barcos y lo más impresionante y que poca gente sabe, se convirtieron en exportadores de material para los tatamis de muchas casas tradicionales del Japón.
En el exterior de esta fábrica tan sorprendente se ha conservado gran parte de la arquitectura de principios de siglo XX. Así lo certifican sus edificios en piedra vista a dos aguas, las cubiertas de tejas de cerámica, sus chimeneas altas de ladrillo y sus paredes blancas en las que se abren los ventanales reticulados de sus almacenes. La presa y el canal de alimentación de la turbina acaban de sumar valor a su patrimonio arquitectónico.
El amanecer y el anochecer en la curva del Ter a la altura de La Caseta
El río en la parte interior de la curva contiene una zona de arbolado de ribera entre la que sestea habitualmente un rebaño de vacas. Esta lengua de tierra tiene unas 10 hectáreas y limita por el oeste con los campos de cultivo de forraje o de maíz que una masía, conocida como La Caseta, gestiona desde mediados del siglo pasado.
El paraje tiene su encanto, ya que muchas veces al amanecer, cuando aparece el sol entre las brumas que el agua deja escapar, se pueden ver garzas reales inmóviles esperando a que estos primeros rayos calienten el ambiente. Y si vas a última hora de la tarde, con la puesta del sol, mirando al oeste, hacia el puente de Can Molas, es muy agradable ver como el agua del río recoge los últimos reflejos de su luz mientras vuelan gaviotas patiamarillas, grandes cormoranes y ánades reales.
En ‘La Devesa’ no hay carretera asfaltada, así que no hay vehículos a motor cuyo ruido y luz distorsione sus noches de verano. Sí que es verdad que durante la siembra y la cosecha entran tractores y maquinaria de preparación de la tierra o de recolección, pero el resto del tiempo, solo te arrullan los sonidos de la naturaleza.
La razón de porqué este paraje tan especial sigue hoy en día tan intocado
Uno de los secretos del porqué de este espacio natural tan singular y cercano al núcleo habitado de Manlleu son las crecidas de agua. Se trata de una zona inundable en la que no se puede plantear ninguna edificación permanente. Testimonio de estos fenómenos naturales son los restos de algunos grandes sauces (Salix alba) que fueron descalzados y arrastrados por las potentes corrientes y de otros, que tumbados, han vuelto a ramificar en vertical para buscar la luz y continuar con su vida.
Fruto de estos movimientos de agua también son las islas temporales que se producen en el cauce del río en las que se desarrollan un gran número de especies vegetales acuáticas: los carrizos (Phragmites australis), los llamativos lirios amarillos (Iris pseudoacorus), las eneas o espadañas (Typha latifolia), con sus espigas marrones cilíndricas tan características, y las arroyuelas (Lythrum salicaria) mostrando sus interesantes floraciones en espigas de color púrpura. También el suelo de estas islas se cubre de muchas herbáceas de los géneros Festuca, Poa, Lolium, Bromus y Brachypodium entre las que se alimentan y anidan gallinetas comunes, garcillas bueyeras, chochines y mirlos.
Un espacio de gran riqueza natural para ornitólogos y entomólogos
En las zonas donde el agua se remansa abundan los insectos y se pueden descubrir zapateros, barqueros, escorpiones de agua, libélulas y, si tenemos paciencia, también tricópteros en el agua moviéndose con sus casas hechas de granos de arena a sus espaldas. También encontraremos los consabidos mosquitos que hacen posible la vida de peces, crustáceos de río y de muchas aves insectívoras como las golondrinas, los vencejos y los mosquiteros. Para ornitólogos y entomólogos es un placer pasear y fotografiar toda esta riqueza natural.
Plátanos supervivientes, otros árboles frondosos y un aperitivo bajo los tilos
A la gente del lugar le gusta dar un paseo por las inmediaciones, observar el ganado y acercarse al río para pescar o, simplemente, ver pasar el agua. A mí personalmente siempre me ha sorprendido lo imponente de los plátanos de sombra (Platanus acerifolia) que crecen en la zona. Talados hace más de 70 años, han vuelto a reproducirse desde los antiguos tocones dando lugar a auténticos árboles que, desde entonces, nadie ha podado o intervenido. En ‘La Devesa’ crecen además álamos blancos (Populus alba), chopos (Populus nigra), alisos (Alnus glutinosa), fresnos (Fraxinus excelsior) acompañados de sargas (Salix atrocinerea, Salix elaeagnus) a sus pies.
El atractivo del lugar en el que confluyen naturaleza, industria y agricultura se complementa con oportunidades de ocio y de restauración. En el paseo de la margen izquierda del río, donde queda la población de Manlleu, hay un embarcadero y un puesto en el que sirven bocadillos, raciones, tapas y bebidas bajo la sombra de los tilos (Tilia platyphylos, Tilia tomentosa) y de los chopos (Populus nigra) que se plantaron allá por los años sesenta del pasado siglo.
La leyenda de la ‘serpent’ y su diamante
Hará unos veinte años que se rescató una leyenda relacionada con el río sobre una serpiente y su diamante que un joven robó y escondió en su casa bajo un mortero. La serpiente se enroscó sobre este objeto y murió exhausta sin poder recuperar su piedra. Esta historia está recogida en forma de canción en el archivo de ‘l’Obra del Cançoner Popular’ transcrita directamente por el poeta Jacint Verdaguer. Cada verano, coincidiendo con la fiesta mayor de la ciudad, se celebra la ‘Festa del Serpent’ representando la leyenda, en un vistoso pasacalles de figuras animadas con su espectáculo de pólvora y fuegos artificiales.
Una ruta circular por “El Passeig del Ter”
Para sacar más partido a la zona y ordenar la afluencia de gente, la administración local propuso construir una pasera sobre el río desde el embarcadero. Se habilitó un camino en la Devesa creando un recorrido circular. Ahora se pueden hacer, a pie o en bicicleta, más de 7 km para disfrutar del río, en lo que se conoce como ‘El Passeig del Ter’. Allí pueden observarse nuevas plantaciones de fresnos, sauces y plátanos de sombra. Los bancos de madera habilitados para el descanso de los más mayores han completado las opciones y valor de esta zona.
Un conseguido equilibrio que aumenta nuestra calidad de vida
Se ha llegado a un equilibrio, que no ha sido fácil, entre las actividades industriales que hoy continúan, el legado patrimonial que se mantiene y conserva, las posibilidades de riqueza cultural basadas en el encuentro y el fomento de la identidad, la producción agrícola y ganadera y la riqueza de la naturaleza de ribera.
En este sentido, la instalación de plafones sobre la fauna y la flora, así como de telescopios de observación para acercar las imágenes de los animales del río, son aspectos muy positivos que ayudan a entender la zona como un espacio a valorar, a conservar y a cuidar por parte de todos. ¡Bien por ‘La Devesa’ de Manlleu y todo lo que implica!
Casos como estos, con más o menos intervención humana, están muy repartidos por toda nuestra geografía nacional y juegan un papel importante en nuestra riqueza como sociedad y como personas. Son iniciativas que, de una manera discreta y sin grandes publicidades, aumentan nuestra calidad de vida.
Manel Vicente Espliguero
Paisajista