La aventura de los Reyes Magos siguiendo la estrella de Belén

El inhóspito desierto de Siria, una parada técnica en el oasis de Palmira y la entrada en Jerusalén

En estas fechas en las que estamos celebrando la Navidad, muchos de nosotros aprovecharemos para reunirnos con familiares y amigos a los que no hemos podido ver durante el año o esperaremos la llegada de los que se marcharon. Pensando en estos viajes siempre me viene a la memoria un anuncio de una compañía aérea de hace años. 

En el interior de la cabina de un avión, sobrevolando un desierto de la península arábiga, a través de la radio, el capitán hacía referencia a la antigua ruta del incienso y la caravana de los Reyes Magos de Oriente.

El relato de los Magos de Oriente según San Mateo

Más de una vez he estado consultando los mapas de Google Earth buscando las posibles rutas de estos singulares personajes. En los evangelios solamente aparecen citados en el de San Mateo y además de una manera muy poco concisa: ‘Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos Magos procedentes de Oriente llegaron a Jerusalén’ (Mt 2,1). Mateo acaba el relato de su encuentro con el Mesías, con sus ofrendas de oro, incienso y mirra, y con su repentina marcha, avisados en sueños de no volver a visitar a Herodes para que regresaran a sus tierras por otro camino.

La aventura de los Reyes Magos siguiendo la Estrella de Belén

¿De dónde procedían los ricos regalos de los Reyes?

El hecho de hacer estos regalos con productos muy abundantes en lo que en la antigüedad se llamaba la Arabia-Felix, la zona sur de la península arábiga, y que actualmente conocemos como Yemen, hace pensar que nuestros protagonistas eran de la rica ciudad de Hadramaut. Pero el incienso y la mirra en los tiempos de Nuestro Señor podían venir de muchos otros lugares, de Nubia, Eritrea, Mesopotamia o Egipto.

El incienso, del misterioso Egipto, para adorar a los dioses

En este último reino, la faraona egipcia Hatshepsut había enviado expediciones a buscar el árbol del incienso (Boswellia papirifera) al rico país de Punt en las costas del mar Rojo para, después de transportarlos vivos (con raíces y cepellón), plantarlos en el camino de acceso a su templo de Deir-el-bahari. Haciendo unas incisiones en el tronco, estos árboles lloran una gomorresina amarillenta que, al endurecerse, se rasca quedando un granulado de no más de dos centímetros de diámetro. Este producto era muy usado en la antigüedad, ya que, al quemarlo, su exquisito aroma divinizaba el templo. En los ritos religiosos de muchas culturas como en China, Japón, India, Persia o Judea estaba prescrito su uso. Actualmente se sigue consumiendo y en el cristianismo se utiliza como ofrenda a Dios y símbolo de las oraciones de adoración de los creyentes. También hay que apuntar sus propiedades medicinales, pues despierta los sentidos, calma el sistema nervioso, reduce la ansiedad y purifica el ambiente.

La mirra, una resina para embalsamar y reducir el dolor

La mirra, el segundo presente que ofrecieron los Magos, también se recogía de un árbol (Commiphora myrrha) practicando la incisión que hemos explicado. En este caso, la sustancia resinosa que se recoge, al secarse pasa de un amarillo pálido a un anaranjado marrón. Procedía de Egipto, Arabia, Persia y norte de Siria. Se utilizaba para embalsamar los cuerpos de los muertos y también como producto medicinal. Era un analgésico que habitualmente se mezclaba con vino para reducir el dolor. La simbología cristiana ve en este regalo la señal anticipada del sufrimiento y muerte de Jesús.

El oro, el material más noble como símbolo del poder

El tercer regalo que se ofreció a aquel niño fue oro. En este caso, su importancia es la del material más noble e inmutable que se puede conseguir de la naturaleza, un material con el que se corona a los reyes y se indica su majestad y poder.

¿De dónde procedían los ricos regalos de los Reyes? El incienso, la mirra y el oro

El número, el nombre y la nacionalidad de los Reyes, toda una simbología

Los Reyes, no sabemos realmente cuántos eran, si dos, como aparece en algunas imágenes de las catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro, o cuatro, tal como se muestra en las catacumbas de Domitila, todas ellas en Roma. Tenemos textos armenios que aseguran que eran doce. Entre los primeros padres de la Iglesia, aquellos autores sabios y santos que ayudaron a fijar la filosofía cristiana durante los primeros siglos de vida del cristianismo, se fue aceptando el número de tres por su asociación con los dones que aparecen en el evangelio y otros textos del Antiguo Testamento. En la Edad Media, a mediados del siglo IX, se les asigna un nombre y una nacionalidad para representar a todos los pueblos del orbe conocido hasta entonces: Melchior de Persia, Bithisarca de la India y Gathaspa de Arabia.

 

Los argumentos que podrían confirmar que la historia de los Reyes Magos es cierta

Por la terminología que se les asigna a estos personajes – Magos – que en la antigüedad servía para referirse a sacerdotes eruditos, dedicados al estudio de la astrología y de otras ciencias, para mí el origen o procedencia más plausible es que vinieran de Mesopotamia. Todo se dispararía tras el avistamiento de un fenómeno celeste poco habitual como fue la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis ocurrida entre el año 7 y el año 4 antes del nacimiento de Cristo. Esto puede ser un dato más para acercarnos a la postura de que la narración de los Reyes Magos tiene más de histórica de lo que piensan algunos. Las fechas pueden cuadrar, pues sabemos que los cálculos del año exacto del nacimiento de Cristo no están del todo bien hechos. En su tierra de origen, Mesopotamia, se conocían las profecías mesiánicas del pueblo judío y se seguían desde todas las ciudades los fenómenos celestes. Toda ciudad de relevancia tenía su zigurat, pirámides dotadas de escalinatas y terrazas a diferentes alturas, y en lo alto se edificaron los templos dedicados a las divinidades celestiales y a las observaciones de la luna y de los astros. Uruk, Ur, Babilonia, Nippur, Larsa, Lagash eran ciudades en las que estas edificaciones fueron espectaculares. 

Los argumentos que podrían confirmar que la historia de los Reyes Magos es cierta

La ruta, el paisaje del viaje real y la fértil ribera del río Éufrates

El recorrido de los Reyes Magos pudo ser de unos 1.700 km. En aquel entonces, los caminos aprovechaban el relieve y la conformación natural que facilitara, además del caminar de las personas, el paso de los animales que se utilizaban para el transporte: camellos, caballos, asnos. El uso que se hacía de estas pistas durante siglos las mantenía señaladas y practicables. Las grandes distancias se medían en jornadas, en días de viaje. Sólo en aquellas vías empedradas y mejoradas se empleaba el carro. El Camino Real del rey Darío era un ejemplo de estas rutas rápidas, utilizadas por los mensajeros del rey o sus ejércitos.

El paisaje que vivieron nuestros ‘Reyes de Oriente’ durante una gran parte de su viaje fue el de las orillas del río Éufrates, una zona rica en vegetación de ribera (sauces, chopos, álamos y alisos) y campos de cultivo. Esta franja no era muy extensa pues el río se abre paso en una tierra extensa de características semiáridas. Los almendros, los albaricoques, los granados y las palmeras datileras se irían intercalando entre los campos de un trigo alto y de espiga rala, o de cebada de grano de dos carreras en su espiga, no como las actuales en las que podemos ver hasta seis carreras gracias a la ciencia genética. También verían campos destinados a lentejas o garbanzos y productos de huerta como las cebollas, los melones, los puerros y las lechugas. En aquella época allí donde llegaba la influencia del río era la tierra más fértil y productiva del mundo.

La ruta, el paisaje del viaje real y la fértil ribera del río Éufrates

El inhóspito desierto de Siria, una parada técnica en el oasis de Palmira y la entrada en Jerusalén

Remontando el río salvaron de esta manera los inhóspitos desiertos del norte de Arabia que iban quedando al oeste de su marcha. Pero para continuar su camino hacia el mediterráneo y llegar a Damasco, dejaron el río a su espalda para cruzar el desierto de Siria. Más de 400 km de penoso avanzar por una tierra extrema y rocosa, sin grandes montañas que se presentaban con lomas desgastadas y siempre polvorientas. Avanzaban en monótonas marchas aprovechando la frescura de la noche y se detenían instalando el campamento antes de las horas más calurosas del día. En las zonas con algo de agua se encontrarían con una vegetación baja a base de salicores, esparto, ajenjos y organzas entre otras especies. A mitad del camino pasarían unos días en la ciudad de Palmira situada en el oasis de Afqa.

El inhóspito desierto de Siria, una parada técnica en el oasis de Palmira y la entrada en Jerusalén

Un descanso para hombres y animales gracias a su agua. Palmira era importante y tenía en aquel momento unos 140.000 habitantes, y era una ciudad activa y punto de encuentro entre la cultura persa y la helénica. Recibió su nombre de la gran cantidad de palmeras que crecían en sus inmediaciones. Es otro lugar verde y fértil bien dotado para los dátiles, la huerta y los frutales. A partir de aquí, por la antigua ruta de las caravanas, llegaron a la ciudad de Damasco, y pasando el Jordán por el puente de Dj Isr Benât Yaqub,  ascendieron a la fértil llanura de Esdrelón, denominada así por los griegos y situada al sur de Galilea. Galilea era una tierra dulce, bien dotada para la agricultura donde se daban bien las higueras, los olivos y los sicomoros. Debieron pasar por Samaría, para llegar a Jerusalén en dos o tres días para entrevistarse con Herodes. Esta ruta evitaba lo que en aquellos tiempos se llamaba ‘la carretera de la sangre’, que unía Jericó con la ciudad Santa. Era una zona muy peligrosa en la que ladrones y asesinos actuaban con impunidad. No es gratuito que la parábola del buen samaritano esté situada en esta ruta. 

Vuelta por la ruta sur, el desierto de Petra en el antiguo reino Nabateo

Vuelta por la ruta sur, el desierto de Petra en el antiguo reino Nabateo

Tras las consultas y consejos de los escribas y los fariseos de la corte de Herodes, en tres horas los Magos llegaron a su destino. En total fue un viaje de unos tres o cuatro meses. La repentina vuelta para evitar Jerusalén muy probablemente la harían por la ruta sur, la que pasa por Petra, la capital del antiguo reino Nabateo, para después ir al norte pasando por las ciudades de la Decápolis, que Roma había puesto bajo su control para afianzar su frontera en el Mediterráneo oriental. Una vez en Damasco, el camino sería el mismo, pero de vuelta a casa, se sentirían enriquecidos y felices por haber encontrado la razón de su estrella, la de su viaje y por qué no, las razones de su vida.   

Vuelta por la ruta sur, el desierto de Petra en el antiguo reino Nabateo

Como dice el capitán del vuelo del anuncio: “la antigua ruta del incienso que atraviesa el desierto” es exactamente la misma ruta que hicieron los Reyes Magos de camino a Belén. Pareceré un ingenuo, pero yo, cada vez que paso por aquí en estas fechas, no puedo dejar de mirar. 

¡Feliz vuelo, feliz Navidad!

Manel Vicente Espliguero

Paisajista

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